“Curepto yo te amo en ruinas o parado”
Publicado en Actualidad, Destacados, Varios el marzo 23rd, 2010 por admin
Macarena Ilabaca – Universidad Sek Santiago. (Staff MEDUSS.cl)
El miércoles 3 de marzo, llegué a la sede de Renovación Nacional (RN) en Providencia, sin saber a qué iba y a donde. Alternativas eran varias para ir en ayuda de los damnificados, por mí, feliz me iba a Tirúa (8va región), era lejano y como muchas ciudades afectadas por maremotos el 27 de febrero. Pero nada era seguro.
A fin de cuentas, no fui a Tirúa. Desde Santiago, eran “supuestamente” 3 días para llegar allá, talvez era menos y fue una exageración, el hecho es qué me mandaron a Curepto, en la 7ma región.
Curepto, pueblo a 111 kilómetros de Curicó, algo así como a una hora en condiciones de camino “normal”, sin desvíos ni grietas qué haya que pasar a menos velocidad. Son 10.000 habitantes, pero todos se conocen. Es increíble. Una ciudad onde reinaba el más lindo recuerdo de las construcciones del 1900 y si es que no algunas más antiguas, en su mayoría patrimonios. El pueblo que de cada 10 casas que veías, 9 estaban en el suelo, y si no eran en su totalidad quedaban como “inhabitables”.
Al llegar de noche, sólo distinguían montones de palos uno encima del otro y por grandes montones, era casi como si hubiesen dejado todo botado después de la destrucción, pero la dura realidad se podía ver a plena luz del día”
Curepto, que a la llegada de 35 extraños jóvenes que vale destacar entre ellos había un grupo de quillotanos, santiaguinos, una peruana y dos argentinas. Los primeros voluntarios de apoyo en llegar, una mezcla de varias ciudades de Chile y nacionalidades unidos por misma causa “Levantar Chile” y qué ahí más que nunca se afirmaba la frase de los medios de comunicación “Santiago NO es Chile”.
El trabajo fue arduo, porque si no estábamos descargando camiones, armando cajas y de aseo, hacíamos cadena o bien repartidos en el pueblo en las casas ayudando a bajar tejas, sacando muebles, fuimos jóvenes 4×4 por 5 días. Fue increíble. Pero también había otro trabajo y que era imposible
“Vi pasar toda la vida en 2 minutos y la muerte en 30 segundos, no me acuerdo de donde saque fuerzas para sacarla a ella y a Manuel”. – Pensando en qué podía dar un mensaje de ánimo le respondí “Entonces la vida no lo quiere muerto pues!, lo necesitan acá”. Me contra respondió “Ay mijita, yo quiero puro morirme” Pero no perdía la fe, su casa estaba ad portas de caerse, pero la potente imagen de Dios dormía con ésta familia en el patio de la que era su casa. Manuel, el hijo, era un joven entre 25 y 30 años y tenía parálisis cerebral.
Así pasaban los días que se hicieron pocos y cortos, las caras de la gente de Curepto eran familiares, ya no éramos “tan desconocidos” como el miércoles en la noche y el jueves durante la mañana, no saludaban o al menos nos hacían un gesto con la mano tratando de expresar un “¡¡¡HOLA!!!”, de viernes a domingo, nos sentíamos uno más de Curepto.
El penúltimo día…
Sin duda qué para muchos fue increíble el penúltimo día, al menos para el grupo que estuvo tanto en la mañana como en la tarde ayudando en la casa de los Contardo, todos llegamos al mismo consenso “fue increíble”. En total, fuimos unos 12.
El primer grupo en llegar fue el “equipo de salud” conformado por estudiantes del área, que fueron a curar a la dueña de casa que estaba postrada en cama, una abuelita de unos 70 años, qué hace 7 años no veía más allá de la puerta de su pieza, pero que sola no estaba, su marido en la cama del lado con un accidente vascular también postrado en cama. Y ella era especial, por qué se quejaba de molestia ya que entre tres personas la movían de un lado para el otro por que tenía una escara y había que curarla, y yo por supuesto como novata en el tema no podía quedar exenta de ir y presenciar lo que hacían (suena morbo, lo sé) pero sólo fui a mirar y como primera experiencia cercana al trabajo de la enfermería, fue realmente fuerte.
Saliendo de la pieza donde estaban ambos abuelitos, estaban dos hijos del matrimonio, sino mal recuerdo de tres, entre uno de esos, Luis Armando, que trabajaba bajando las tejas del techo y qué sólo era difícil que terminara en un corto plazo. Entre 12, lo ayudamos con un modo de trabajo que más básico, era imposible, la teja que la sacaban del techo la deslizamos por una plancha de zinc, qué aterrizaba en una colchón con bolsas, y que entre 5 haciendo cadena abajo, y los restantes 7 en el techo, hacíamos llegar a una parte segura la teja sobreviviente del terremoto.
Después de toda una mañana trabajando, y parte de la tarde, el cansancio pasó a ser un mero detalle, porque en el recuerdo de muchos quedó el cariño entregado, y no sólo con las conversaciones, las bromas, el pan amasado y las cervezas que esa casa dio a todos los voluntarios que ahí estaban trabajando, sino qué con un “gracias” y una sonrisa de satisfacción por parte de alguien que necesitaba unas manos de ayuda.
“Los voy a echar de menos, porque son mis amigos”
“Son inolvidables, son lo máximo”
“Ya no voy a tener a quién retar porque se van”
“Sin ustedes me hubiese demorado semanas en terminar esto, se pasaron”
“Chao, qué les vaya bien, y gracias por toda la ayuda”
“Chiquillos, aquí tienen un patio grande donde pueden acampar y vamos al tranque”.
Esto es sólo una parte que resume los 5 días qué salí de la burbuja protectora llamada casa, del que Santiago NO ES CHILE, y que en lo personal, jamás olvidaría, porque no sólo la gente de Curepto fue una parte muy importante y sin duda qué crucial para poder contar todo esto. No puedo dejar de mencionar el gran grupo humano de compañeros de escuela que tuve. La mezcla perfecta de los primeros 35 jóvenes llegados a Curepto en calidad de voluntarios, con muchas ganas de ayudar, a cambio de sonrisas y frases que siempre quedarán en el recuerdo.


